MAPA DE HIDRATACIÓN

Estar hidratado es necesario para mantener un buen estado de salud y el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Sin embargo, es muy importante que nos cuidemos de no caer tanto en la deshidratación como en la hiperhidratación, siendo esta última la más peligrosa.

Es sabido que la composición del cuerpo varía según el sexo y el nivel de estado físico, porque el tejido graso contiene menos agua que el tejido muscular.
El hombre adulto promedio es aproximadamente un 60% de agua. La mujer adulta promedio es aproximadamente 55% de agua, ya que las mujeres naturalmente tienen más tejido graso que los hombres.
Los hombres y las mujeres con sobrepeso tienen menos agua, como porcentaje que sus contrapartes más en forma.
A su vez, un 63% del agua en el cuerpo se encuentra dentro de las células, y un 37% en el exterior de las células. Esta porción de agua del exterior celular es 27% líquido intercelular, 7% plasma y 3% agua transcelular.
Respecto a la cantidad de agua que tienen los tejidos: el 99% del plasma sanguíneo, saliva y jugos gástricos están compuestos por agua; el 84% del peso del tejido nervioso es agua; el 73% del hígado es también agua; el 71% de la piel esta conformada por agua; el 60% del tejido conectivo es agua; y por último el 30% del tejido adiposo está conformado también por agua.
El porcentaje de agua en el cuerpo depende siempre del nivel de hidratación. En este sentido, las personas sentimos sed cuando ya hemos perdido alrededor del 2 al 3% del agua total del cuerpo. Además, las células y los órganos, principalmente el cerebro y los músculos, necesitan del oxígeno para absorber los nutrientes que precisan, con el fin de poder producir la energía indispensable para su funcionamiento.
Absorben el oxígeno y liberan el CO2 de forma imperturbable.
Resulta ser que es la sangre la que aporta el oxígeno necesario para ese proceso. Por este motivo, una pérdida importante de sangre puede tener consecuencias irreversibles o incluso letales.
La sangre se compone en un 55% de plasma, y este se compone a su vez en un 90% de agua.
La saliva está compuesta por un 90% de agua, cumpliendo una función sumamente importante dentro del proceso de digestión, ya que transforma los alimentos de manera que el organismo pueda absorberlos más fácilmente. Por lo tanto, contribuye en gran medida a la asimilación de los nutrientes indispensables para el buen funcionamiento del cuerpo.
La temperatura interna de los seres humanos puede ascender hasta los 37,8ºC sin riesgo. Por encima de esa temperatura, el cuerpo activa su mecanismo de regulación térmica y lo hace especialmente a través de la transpiración.
El agua evaporada permite que el cuerpo se refresque y que baje su temperatura. Cuanto más calor sienta el cuerpo, como por ejemplo mientras se está bajo el sol o se realiza una actividad física, más transpirará.
Es por esa razón que el agua cumple una función vital dentro de los procesos corporales de autorregulación.
No obstante, el sudor no sólo juega un papel principal dentro de la regulación térmica, sino que también contribuye junto con la orina a la eliminación de los desechos metabólicos y tóxicos, como alimentos no absorbidos por el organismo, o residuos de medicamentos. La orina permite además mantener el equilibrio entre las distintas sales minerales presentes en nuestro cuerpo. Esta se compone por un 95% de agua.

LA PIEL
Como la mayoría de los órganos, la piel está constituida principalmente de agua. Se trata de un órgano muy frágil y vulnerable tanto a las condiciones internas del cuerpo, como a las condiciones externas, como la climatología o la contaminación.
Por lo tanto, si el cuerpo no está suficientemente hidratado o se expone excesivamente a la radiación del sol, la piel se deshidrata.
De esta forma, su capacidad para proteger el cuerpo se debilita y muestra signos evidentes de fragilidad: la piel se tensa, se vuelve áspera al tacto y se agrieta, favoreciendo la aparición de arrugas en el rostro.
Por lo tanto, mantener una buena hidratación es esencial para conseguir una piel bella y saludable, pero sobre todo para garantizar su buen funcionamiento como barrera protectora.
Favorece además su elasticidad, por lo que al estar deshidratados es menos propensa a generar arrugas prematuras. Contrario a lo que podría pensarse, la falta de agua no es la causa de la piel seca; esto se debe a elementos externos, como el clima.

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