EL PH DE LA SANGRE

Entendemos que el pH es una denominación utilizada para medir y definir la acidez o alcalinidad de una sustancia. Observando la cantidad de hidrógeno contenido en ella, permite deducir el total de iones ácidos que allí se encuentran.

En otras palabras, podemos decir que el pH es un valor que fue establecido con la intención de identificar y definir si una sustancia es alcalina o ácida. Para esto, utiliza una escala que va del 0 al 14, a donde el 7 es considerado como el valor neutro. Cuando el pH es inferior a 7, es considerado ácido; y si supera el 7, es considerado alcalino.

Resulta importante mencionar que generalmente la desinformación que nos rodea podría sugerir la idea de que en nuestro cuerpo un pH alcalino es “bueno” y uno ácido es “malo”. Sin embargo, nada está más alejado de la realidad, debido a que lo que entendemos como “bueno” (o saludable) es en realidad un equilibrio o valor específico que depende del órgano o segmento del organismo en cuestión, siendo la combinación correcta de estos diferentes valores lo que nos brinda un buen estado de salud.

Podemos tomar como ejemplo a los jabones que se destacan por tener la característica de “pH neutro”. Debemos entender que el pH de estos productos ronda los 5,5 (lo que se considera un pH ácido), sin embargo al tener la piel un pH de 5,5 los productos de higiene que poseen ese mismo valor resultan neutros para esta parte específica del cuerpo.

Como decíamos, existen diferentes niveles de pH ideal para las diferentes partes del cuerpo, dependiendo de la función que cumplan. La orina, por ejemplo, tiene un pH alcalino de 8; el sudor un pH ácido de 5,5; el flujo vaginal un pH de 4,5 y los jugos gástricos un pH de 1,5 (siendo una de las secreciones con mayor acidez del cuerpo humano).

SIendo más específicos respecto a los valores de la sangre, debemos mencionar que los pulmones y los riñones son los principales órganos encargados de regular los niveles de pH. Debido a esto, una alteración en el funcionamiento de estos órganos puede producir niveles de pH peligrosos para nuestra salud.

Los valores de nuestra sangre son considerados como los más importantes debido a que tiene un efecto directo sobre nuestra actividad celular. Cuando el cuerpo identifica que el equilibrio de pH de la sangre está afectado, intenta compensarlo tomando nutrientes de otros órganos vitales como el hígado, huesos, pulmones y riñones.

Así es que se producen ciertos síntomas como piel amarilla, dolores internos, agotamiento, indigestiones, problemas de sueño; y por consiguiente enfermedades como diabetes, hepatitis, fibromialgia, úlceras de estómago, etc.

Dentro del paradigma de la medicina, cuando el pH de la sangre es inferior a 7,35 se considera acidosis; y cuando este se encuentra por encima de 7,45, es considero como alcalosis. Las dos comparten su origen en los procesos metabólicos o respiratorios, siendo divididas en cuatro subtipos.

Cuando los niveles de dióxido de carbono en sangre son muy bajos, generalmente debido a una enfermedad hepática o respiratoria, se denomina alcalosis respiratoria. Si en cambio la sangre sufre un exceso de bicarbonato, es considerado como alcalosis metabólica. Por otro lado, si los niveles de dióxido de carbono son excesivamente elevados, se considera como acidosis respiratoria. Por último, si el cuerpo produce demasiado ácido, o bien si no absorbe suficiente bicarbonato, se produce la acidosis metabólica.

A su vez, esta última se subdivide en varios subtipos. Si existe una acumulación en el organismo de una sustancia ácida llamada cetona (formada ante la descomposición de la grasa), se produce lo que se conoce como acidosis diaética (o cetoacidosis). Si en cambio se produce una pérdida excesiva de bicarbonato de sodio, es considerada acidosis hiperclorémica.

Cuando en el organismo se produce una acumulación de ácido láctico, se denomina acidosis láctica. Esta resulta ser una típica reacción del cuerpo ante un ejercicio intenso y prolongado, aunque es posible además que se presente debido a algunas enfermedades. Por otro lado, si la acidosis se presenta a causa de un mal funcionamiento de los conductos renales, se considera como acidosis tubular renal distal. Por último, cuando el riñón no absorbe el bicarbonato necesario para contrarrestar el ácido durante la fase de filtrado de la sangre, se produce lo que se conoce como acidosis tubular renal proximal.

La acidez, altera los niveles óptimos de electrolitos en nuestro organismo, es decir, a un nivel químico, básico y elemental, actúa sobre nuestros electrolitos de sodio, potasio, calcio, y hierro. Un claro ejemplo de esto lo vemos en el caso de la osteoporosis, siendo que el cuerpo, con el fin de neutralizar la acidez de la sangre, intenta compensar el pH con elementos alcalinos (principalmente el calcio), tomandolo de los huesos, produciendo osteoporosis, asi cómo posiblemente también cálculos renales debido al exceso de minerales en la sangre.

Un pH en sangre muy ácido, también reduce los niveles de oxígeno del organismo, lo que interfiere y altera la producción de reacciones metabólicas que se precisan para mantener nuestro cuerpo saludable.

Respecto a los síntomas, los más comunes suelen ser la respiración acelerada, fatiga, confusión, aumento de la presión arterial, y en casos muy severos puede conllevar a la muerte. En los niños, puede generar retrasos en el proceso de crecimiento debido a que el cuerpo intenta neutralizar el ácido liberando sales minerales y fosfatos de los huesos. Puede generar también hiperpotasemia o hipercalemia (exceso de potasio), que suele producirse debido a una insuficiencia en la actividad renal.

Algo importante que debemos destacar, es que los profesionales de la medicina, desde 1932 han sabido que para que en el organismo se produzca un cáncer, envejecimiento o enfermedades crónicas, deben existir dos condiciones: falta de oxígeno y acidosis, tomando como ejemplo la particularidad de que las células cancerígenas desarrollan la característica de vivir sin oxígeno.

Debemos ser sumamente conscientes de que a través de la alimentación tenemos un efecto determinante respecto a los niveles de pH en nuestra sangre. Al ingerir proteínas de origen animal se producen diversos ácidos como por ejemplo el sulfúrico, fosfórico y úrico. Estos suelen ser filtrado por los riñones y eliminados a través de las heces, sin embargo, si el consumo de productos de origen animal es excesivamente alto, el organismo no consigue neutralizar de forma efectiva los ácidos generados. Cuando la acumulación de estos ácidos es excesiva, el cuerpo los almacena en distintas partes de diferentes órganos, lo que produce quistes y diversas enfermedades con el paso del tiempo.

Para neutralizar la acidosis, debemos aumentar nuestros niveles de oxígeno e ingerir regularmente una buena cantidad sustancias alcalinas, provenientes de  una alimentación equilibrada y rica en minerales, vitaminas y nutrientes. Una de las recomendaciones más importantes es que debemos consumir todos los productos alimenticios crudos o muy levemente cocidos, con el fin de cuidar de que el aporte de nutrientes sea el más alto posible y que no se vuelva un alimento ácido o nocivo que atente contra nuestra salud. Ciertos elementos al quemarse durante la cocción liberan ácidos y metales pesados que resultan tóxicos para nuestro organismo.

Podemos deducir que al orientar nuestra alimentación hacia un consumo de alimentos en su mayoría alcalinos (o alcalinizantes), con una fuerte presencia de alimentos de origen vegetal, frescos, no procesados y bien combinados, ayudamos a neutralizar los excesos de ácido de nuestro organismo.

Contrariamente, una dieta que se destaque por su predominio en grasas saturadas, productos refinados quimicamente, productos animales acidificantes (carne, huevos, y lácteos) y escaces de productos naturales de origen vegetal, intensificará los niveles de acidez del cuerpo en general. Así mismo, productos como colorantes, saborizantes y conservantes artificiales (que se encuentran en medicamentos, gaseosas, productos envasados y enlatados, etc.) incrementan los niveles de acidez del organismo. Una dieta alcalina debe contener sólamente un 20% de alimentos acidificantes, y el resto debe estar compuesto exclusivamente de alimentos alcalinizantes

Hay que destacar, que no es sólo aquello que ingerimos lo que puede producir un incremento en los niveles de acidez del organismo, sino que la combinación de los mismos en conjunto con ciertos hábitos poco saludables (como la falta de ejercicio, mala oxigenación, inhalación de humo proveniente de la combustión de hidrocarburos, beber agua de la canilla con metales pesados, poco contacto con la naturaleza, entre otros) conlleva al mismo resultado.

Como ya mencionamos, la acidosis produce una reducción severa en la cantidad de minerales en el organismo. Esto genera que la piel se agriete, se torne áspera y seca, llegando a la posibilidad de producir eczemas. Los huesos y cartilagos se vuelven porosos ya que el organismo toma minerales de ellos con el fin de neutralizar la acidez. Todas las mucosas se debilitan y proliferan los gérmenes que generan sintomatologías crónicas como la gripe o inflamación de las amigdalas. El pelo se desmineraliza, y gradualmente pierde su salud y se cae. Las encías comienzan a sangrar debido a la proliferación de bacterias y las caries atacan los dientes con mayor efectividad.

En conclusión, podemos decir que el pH de nuestro organismo tiene un efecto sumamente influyente en la aparición y desarrollo de todos los trastornos y enfermedades que sufre nuestro cuerpo. Si bien hay ciertas patologías que se dan por causas diversas que no necesariamente son debido al exceso de acidez de la sangre, debemos aceptar que un organismo ácido es un organismo desmineralizado, por lo tanto debilitado. Al ser así, la respuesta de los mecanismos de defensa del cuerpo se encuentran con un gran impedimento funcional, lo que nos vuelve vulnerables ante cualquier tipo de irregularidad, sea un patógeno, una mutación o un mal funcionamiento de un órgano o proceso biológico.

Si bien puede parecer pesado y trabajoso aprender y entender cómo funciona el equilibrio entre la combinación de alimentos y hábitos que integramos en nuestro día a día, el resultado termina siendo sumamente valioso, y lamentablemente no hay otra forma de conseguirlo que no sea a través de ser conscientes y responsables de nuestro propio cuerpo y hábitos cotidianos.


ALIMENTOS ALCALINOS

VERDURAS: Ajo. Esparrago. Verduras Fermentadas. Berro. Remolacha. Brócoli. Coles de bruselas. Repollo. Zanahoria. Apio. Acelga. Alga Chlorella. Repollo verde. Pepino. Berenjena. Coliflor. Nabo. Lechuga. Hongos. Mostaza Verde. Diente de león. Flores comestibles. Cebolla. Porotos. Pimienta. Calabaza. Nabo sueco. Espirulina. Brotes. Calabacín. Alfalfa. Hierba de cebada. Yerba de trigo. Hierba salvaje.

FRUTAS: Limón. Manzana. Palta. Banana. Melón. Cereza. Grosella. Dátiles/Higos. Uvas. Pomelo. Lima. Melón dulce. Mandarina. Naranja. Pera. Ananá. Frambuesa.  Tomates. Frutas tropicales. Sandia.

PROTEINAS: Almendras. Castañas. Tofu (fermentado). Semillas de lino. Semillas de calabaza. Tempeh (fermentado).

BEBIDAS: Jugos verdes. Jugos vegetales. Jugo de fruta fresca. Leche de almendras. Agua mineral. Agua antioxidante alcalina. Té verde. Té Herbal. Té de diente de león. Té de Ginseng. Té de Banchi. Kombucha. Leche de almendra. Leche de soja sin endulzar.

ENDULCORANTES: Stevia.

ESPECIAS/CONDIMENTOS: Canela. Curry. Jengibre. Mostaza. Pimiento de chilli. Sal del mar. Miso. Tamari. Todas las hierbas.

VERDURAS ORIENTALES: Maitake. Daikon. Raíz de diente de león.

OTROS: Vinagre (De Cidra de Manzana). Polen de Abeja. Gránulos de Lecitina. Todos los prebióticos. Chía. Semillas de girasol. Mijo. Brotes de semillas. Nueces.

GRASAS Y ACEITES: Lino. Cáñamo. Palta. Aceite de Oliva. Aceite de coco. Verduras del mar.

ALIMENTOS ACIDOS (incluye cualquier alimento o bebida procesada )

GRASAS Y ACEITES: Aceite de canola. Aceite de maíz. Aceite de semilla de cannabis. Aceite de Lino. Manteca de cerdo. Aceite de Azafrán. Aceite de sésamo. Aceite de girasol.

FRUTAS: Arándanos. Fruta procesada. Fruta envasada en lata.

GRANOS: Tartas de arroz. Tartas de trigo. Amaranto. Cebada. Trigo negro. Anacardos. Maní o mantequilla. Tahini.

PROTEINA ANIMAL: Todo tipo de carne o pescado. Todo tipo de huevos. Pasta blanca. Harinas refinadas.

DROGAS QUIMICAS: Aditivos alimentarios. Pesticidas. Herbicidas.

ALCOHOL: Cerveza. Licores. Vino.

LEGUMBRES: Lentejas. Garbanzos. Porotos. Maiz. Avena (enrollado). Quínoa. Arroz (todos). Centeno. Escanda. Kamut. Trigo. Haina de semilla de cannabis.

PRODUCTOS LACTEOS: Queso de vaca. Queso de cabra. Queso procesado. Queso de oveja. Leche. Mantequilla.

OTROS: Vinagre destilado. Germen de trigo. Bebida de soja (con azúcar). Leche de arroz.

BEBIDAS: Gaseosas. Café. Te. Jugos de frutas (no frescos, envasados). Batidos de leche.


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